Los datos del primer semestre de 2025 confirman una tendencia que venía gestándose desde 2023: el ecosistema de startups deeptech en España ha alcanzado una masa crítica que empieza a atraer capital internacional de forma sistemática. Los 340 millones captados entre enero y junio superan en un 40% los datos del mismo período del año anterior, y lo más significativo es que la mitad de esa inversión proviene de fondos europeos y norteamericanos.
El término "deeptech" agrupa startups cuya propuesta de valor se basa en innovación científica o tecnológica profunda: biotecnología, computación cuántica, materiales avanzados, robótica, fotónica. Son empresas que tardan más en llegar al mercado pero que, cuando lo hacen, tienen barreras de entrada muy altas.
Los sectores que lideran
La biotecnología y la salud digital acaparan el 35% de la inversión total, con rondas significativas en empresas que trabajan en diagnóstico por imagen con IA, terapias génicas y plataformas de ensayos clínicos digitales. El sector energético —especialmente las startups de almacenamiento de energía y redes inteligentes— representa otro 25%. Y la IA aplicada a procesos industriales suma un 20% adicional.
Lo que llama la atención es la geografía. Madrid y Barcelona siguen siendo los epicentros, pero Valencia, Bilbao y Málaga están emergiendo como polos secundarios con identidades propias. Valencia se está especializando en agritech y foodtech. Bilbao, en industria 4.0 y manufactura avanzada. Málaga, impulsada por el hub tecnológico que se ha desarrollado en los últimos años, atrae talento internacional y startups en fases tempranas.
"Hace cinco años, cuando una startup española levantaba una ronda serie B, era noticia. Ahora es casi rutina. El ecosistema ha madurado." — Inversora de un fondo de venture capital con sede en Madrid
El papel de los fondos públicos
CDTI Innovación y el Fondo Europeo de Inversiones han jugado un papel catalizador. Las inversiones públicas en fases tempranas han reducido el riesgo percibido para los inversores privados, que ahora entran en rondas más avanzadas con mayor confianza. Este modelo de coinversión público-privada es el que ha funcionado en Israel, Finlandia y los Países Bajos, y España parece estar replicándolo con éxito.
Los retos que persisten
El talento sigue siendo el principal cuello de botella. España forma buenos ingenieros y científicos, pero muchos de los mejores siguen emigrando a Londres, Berlín o San Francisco. Las condiciones salariales han mejorado, pero la brecha con los centros tecnológicos europeos persiste. Y el acceso a capital en fases muy tempranas —las llamadas "rondas pre-seed"— sigue siendo más difícil que en otros ecosistemas.
El segundo semestre de 2025 dirá si la tendencia se consolida o si estamos ante un pico puntual. Los indicadores apuntan a lo primero, pero en el mundo de las startups, nada está garantizado.